viernes, 22 de enero de 2016

Gris


Me he construido una cueva.
Una cueva oscura, escondida, inaccesible.
Cada vez que la abandono me mareo.
Se me separan la cabeza, el estómago y el corazón, y empiezo a temblar.
Por eso intento no salir.
Eso sí, a veces me asomo.
Sujeto los trozos con cinta de carrocero y saco la cabeza.
Si me ve alguien, libero dosis bajas de mí para parecer cálida y no volcánica.
Sonrío, actúo alegre, despejada, azul cian.
Resulto convincente, creo yo.
Pero no soy azul yo, ni verde, ni roranja y de lunares.
O sí, quizá es eso, que lo soy todo a la vez.
Como cuando íbamos al cole y mezclábamos todas las plastilinas de colores hasta que quedaba un pegote gris.
¿Te acuerdas?
Pues igual.