martes, 23 de junio de 2015

Futuros recuerdos



Un montaje es una mentira, pero puede ser una mentira bonita.

No entiendo por qué se trata a los montajes como si no tuvieran valor solo por no ser reales. A mí no me interesa la realidad en mis fotografías, ya tengo suficiente realidad fuera de ellas y no suele ser muy amable conmigo. Por eso disfruto corrigiendo fallos en postprocesado, lo que hace que cada vez me abandone más al caos y encuadre peor.. Pero esa es otra historia.

Si hago una foto con un montaje, parte del público lo menospreciará porque considerará que el montaje es trampa, pero luego ese mismo público disfrutará en el cine con una superproducción llena de efectos especiales. Allí los montajes no son trampa, allí son divertidos y tienen mérito.

¿Por qué la fotografía tiene que ser pura y real y el cine no? Para colmo, el cine Dogma, sin efectos, sin montaje, sin retocar, es considerado por la gran mayoría como cosa de frikis. ¡Pero si el cine no es más que una sucesión de fotografías!

Yo sostengo que cualquier estilo es válido, y también que las herramientas de cada época tienen sus virtudes y defectos. Pero parece ser que en esta época que me ha tocado se sigue la filosofía de que cualquier tiempo pasado será mejor.

Afortunadamente, cada vez me duele menos la incomprensión.

Yo no plasmo la realidad, yo invento futuros recuerdos.