miércoles, 18 de marzo de 2015

Retiro espiritual



Esta historia parece una película de Woody Allen sobre neuróticos neoyorkinos, porque casi todos los personajes que aparecen tienen psicoanalista.

Uno de ellos, el personaje principal, se siente bastante solo. Su psicoanalista le pregunta ¿qué haces para conocer gente nueva? y el personaje principal contesta: nada.

Un psicoanalista tiene el poder que uno le dé, pero si, al igual que el personaje principal de esta historia, alguien acude a consulta con cierta regularidad, acaba dándole a su psicoanalista el poder de hacerle sentir (en ocasiones) tan estúpido, que no queda más remedio que reaccionar ante la propia estupidez.

Como era de esperar, el personaje principal recibe nítidamente la bofetada psicológica que implica escuchar de su propia boca, por dentro, con la voz de uno mismo que solo uno mismo oye, que no está intentando hacer nada para solucionar su problema.

A continuación hace algo. Lo primero que se le ocurre, cualquier cosa. Nada sale como estaba previsto, pero el personaje principal disfruta de la compañía de los personajes secundarios y de los invitados especiales que van apareciendo.

El personaje principal no siente ya tanto la necesidad de pensar sobre lo vivido y sobre cómo se siente, ya que poco a poco esa necesidad se va transformando en ganas de vivir más cosas.

De estar solo en muchas partes y que le guste.