lunes, 29 de septiembre de 2014

Dos lados buenos



La primera vez que ves a Fredley, te parece que sobreactúa, o que es raro, o que está loco.

Un día estábamos fumando y discutiendo algún tema trascendental. No recuerdo cuál, pero llegados a un punto lo llamé feliz despectivamente. Sí, feliz y despectivamente, así soy yo, puedo convertir en insulto cualquier cosa. ¡Rétame! En fin. Fredley me contestó "no sabes nada de mí, no tienes ni idea de mi vida ni de por qué soy como soy". Tenía razón.

Unas semanas o meses después lo conocí algo más y comprendí un poco lo que pasaba dentro de aquella cabeza, empecé a entender a ese ser extraño y me di cuenta de que tenía mucho más sentido que todos los demás seres convencionales con los que todos convivimos y a los que todos aceptamos tal y como son. Los clasificamos como normales por infelices que sean y a él lo clasificamos como loco porque ha encontrado su propia manera de reflexionar sobre el mundo sin derrumbarse.

Pronto me di cuenta de que Fredley elimina de su vocabulario la palabra "mal". Y no solo eso, sino que la rechaza por completo, llegando a corregirte cuando la utilizas. Al principio me molestaba, pero con el tiempo me di cuenta de que es una palabra innecesaria. Todo puede expresarse de otra manera sin usar esa palabra, y además tiene un efecto destructivo.

Los ratos que pasé a solas con él los dedicamos a divagar y nada más. No a divagar y emborracharnos o a divagar y pasear, o a divagar y hacer encaje de bolillos, no. Divagar y nada más era más que suficiente. Y algunas veces se nos unía alguien. Era muy educativo ver a Fredley conversar con una persona negativa y pesimista. Era como ver a un idiota secar el mar a golpe de lágrima.

A su lado empecé a plantearme que, si la vida tiene dos lados como dicen, los dos son buenos. Uno es fácil: la calma, las vacaciones, las buenas noticias, los amigos, la celebración. El otro es difícil: la ansiedad, el trabajo duro, las pérdidas, los desengaños, la derrota.. los retos!

Sin embargo, los retos son buenos. Superarlos nos hace crecer, sentirnos realizados. El "lado malo" nos da una satisfacción que ni de lejos obtenemos con el "lado bueno". Es decir, no existe el lado malo propiamente dicho.

La vida es así, como esa gente que es asimétrica y aun así tiene dos lados buenos para las fotos.