sábado, 17 de agosto de 2013

Hermano, ¿quieres una moneda?



Anoche estaba con unos amigos en la terraza de un bar, compartiendo un buen rato. De repente, por mi derecha, apareció una mano oscura y arrugada que sostenía unas pocas monedas. Miré la mano con la misma cara que si en vez de monedas hubieran sido caramelos, dije.. ¡gracias! y cogí una.

Entonces me giré del todo y la vi. La señora que había pegada a la mano era aún más oscura y más arrugada que la propia mano. Me miró con sorpresa, sonrió enseñando sus pocos dientes y se fue.

Habrá quien después de leer esto se piense que soy una impresentable, pero yo no lo veo así. Todos damos algo a cambio de otra cosa. Esa mujer vive probablemente de dar lástima a los demás, un poco de lástima a cambio de unas pocas monedas con las que comprar comida para llegar a mañana. Y así día tras día.

Pero ayer no, ayer se dio un capricho: se gastó una moneda en una sonrisa.