jueves, 13 de junio de 2013

Mibici.



Creo que habría que crear un nuevo término para expresar la sensación que lleva creciendo dentro de mí desde que me mudé a esta ciudad. Sería algo así como: hastalapollazgo.

Ahora falta poco para decir adiós. Adiós a unas cajeras de supermercado que hacen abrazables a las del Dia, al brunch de los domingos, al agua del grifo grasienta, a esas señoras viejas que te gritan por salirte del lado derecho del carril bici, a los gordos de piel rosa que lo untan todo de mantequilla, al café de aguachirri, al té por 3 euros, al olor a comida rancia, a la fruta insípida a precio de oro, a las latas de Cocacola con fianza, a las cervezas a 5 euros, al agua con gas.

Pero bah, para ser justos, hay algunas cosas buenas que me llevo. Me llevo mibici plegable de tres marchas de los años 60. Me llevo un conocimiento (más bien bajo) de este idioma. Me llevo unas cuantas fotos y algo de música.

En mi país somos pobres.. pero sabemos bailar.