lunes, 27 de mayo de 2013

Lo que pasó en realidad..



Tengo que decir que los empleados de los cines de Los Prados me parecen una gente majísima.


Al hacer esta serie sobre hombres con cabeza de tele, tuve que pedir permiso para poder disparar en algunos lugares. Para la última foto de la serie no conseguí el permiso, por eso se quedó sin acabar, pero eso es otra historia.

Cuando me presenté en el cine sin entrada, pero con mochila, trípode, una tele viejuna, una bolsa de papel llena de chuminadas y varios secuaces, los empleados se quedaron del mismo material del que estaban hechas mis palomitas y mi bebida: cartulina. Sin embargo, después de una breve conversación, les pareció genial mi idea, me acompañaron a una de las salas en la que años antes había sufrido un desafortunado accidente durante la reproducción de Celda 211, pusieron la pantalla en blanco y me dejaron sola por diez minutos, el tiempo necesario para hacer lo que había ido a hacer.

Les prometí llevarles una copia, cosa que sigue en mi lista de cosas pendientes.. qué ruin soy.

Pero mi aprecio por los empleados de ese cine comenzó en 2009, cuando fui con mis primos y una ex amiga a ver esa película del infierno que ya mencioné. Compramos una tonelada de gominolas y subimos a la última fila de la sala. Nos sentamos allí los cuatro, se apagaron las luces y la película empezó.

No os la voy a destripar, porque no sé de qué va, aguanté como medio minuto. Si sois aprensivos como yo y os desmayáis con las cosas grimosas, me entenderéis. Si no, os reiréis de mí, pero me da igual. La cosa es que cuando aquel individuo se puso a cortarse las venas yo me di cuenta de que me iba a desmayar. En ese momento me levanté y salí corriendo, pero al intentar bajar las escaleras.. PONC! Caí al suelo. Luego rodé escaleras abajo hasta quedar tendida en el suelo.

Cuando me desperté había unas quince personas a mi alrededor. La gente es imbécil, cuando alguien se desmaya, le levantas las piernas y no lo agobias, dejas que se recupere y listo. Pero nooo.. siempre se ponen todos encima de ti.. sin ayudarte pero atentos, ¡no sea que te mueras y se pierdan un momento escabroso! ¿De qué van a hablar si no durante la cena? Imbéciles.

"¿Hay algún médico en la sala?" decía uno de los imbéciles. "Mierda, me ha quitado la frase" pensaba yo. Siempre había querido decir esa frase, pero con un disparo de por medio, o un infarto o qué sé yo, desde luego no con un desmayo de poca monta, ¡y menos un desmayo mío!

Los empleados del cine fueron muy atentos, me sacaron de allí rápidamente y me dieron dos entradas para ir a ver otra película.

Nunca perdonaré a aquel imbécil.