Últimamente se siente solo. Así que cuando llega a casa enciende la tele para oír una voz. Una voz que se vuelve familiar, que le acompaña y llena la casa. A esa voz no le importa que esté solo, ni que coma todos los días lo mismo y su casa esté hecha un desastre. Tampoco le importa que le esté saliendo barriga. La voz le acepta tal y como es.
En todo caso le importa a él no tener una vida tan bonita como las que su compañera de piso le muestra. A veces se culpa, pero bueno, es normal que no sea tan genial, por algo será que no sale en la tele. Acepta su mediocridad y se conforma con alimentar sus ganas de más mirando aventuras de otros en esa pantalla tan familiar.
Alguna vez ha pensado en apagarla y hacer otra cosa. Pero tampoco pasa nada por ver por un segundo qué echan después.
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