martes, 3 de abril de 2012

Dieciséis toneladas.


Hoy he rescatado de mi memoria uno de los mejores recuerdos que tengo de mi padre.

Siempre fue un hombre tranquilo y callado. Cuando habla suele ser para soltar algún comentario ingenioso a la par que retorcido, que los demás pillamos a la semana siguiente.

Últimamente no hablamos mucho, pero eso no siempre fue así. Cuando era pequeña, todas las noches iba a verme a la cama y me cantaba la misma canción con su voz grave de padre. Usaba la letra de tengo una muñeca vestida de azul y la música de Sixteen Tons, de Tennessee Ernie Ford.