jueves, 17 de marzo de 2016

Comerse una mierda


Esta tarde estaba tomando una cerveza con una vieja amiga que se va a casar.

Cuando me preguntó por mi vida amorosa, una jodida gaviota sobrevoló la mesa y cagó en mi sudadera, mi cabeza y mi vaso.

Hubiera agradecido un poco más de elegancia en las formas, pero reconozco que el mensaje no pudo haber sido más claro.