domingo, 22 de noviembre de 2015

L'amour


Yo no creo en nada, más bien dudo de todo, y solo algunas veces siento curiosidad por las creencias de los demás. En general, todas las creencias me parecen correctas mientras no intenten convencerme de ellas, ni las usen para invalidar mis ideas y mi libertad de acción o las de otros, o para justificar acciones injustificables.

Sin embargo, aunque yo piense esto y dude de todo y esté de acuerdo con que otras personas piensen otra cosa, creo que hay verdades universales, imposibles de derribar con argumentos válidos. También creo que debemos descubrir estas verdades dentro de nosotros, identificando el malestar, aprendiendo con qué conductas el malestar crece, pudiendo incluso convertirse en enajenación, y con cuáles se reduce, llevándonos a la paz y la felicidad. Al margen de las creencias, estoy convencida de que este es el camino correcto.

Escribir esto aquí no va a hacer que ciertos chiflados dejen de matar indefensos, o que los malvados dejen de tejer estrategias para lucrarse a costa de los chiflados y los indefensos. Escribir esto aquí no va a evitar ninguna guerra. ¿O sí?

No va a hacer que las personas que todavía no han muerto ni matado dejen de enfadarse y comprar velas, flores y libros compulsivamente. O enfadarse y cambiarse la foto de perfil. O enfadarse porque otros hacen esas cosas o porque no las hacen. O enfadarse por ver una masacre en las noticias o porque en las noticias sacan unas masacres y otras no. Enfadarse porque los demás se enfadan. Enfadarse porque no se enfadan.

Escribir esto aquí va a servir para que mi malestar mengüe un poquito, y me calme y no tenga ganas de enfadarme también, de creerme con derecho a decidir quién vive y quién muere. Para que salga a la calle y sonría a la gente que pase. Y además, escribir esto aquí a lo mejor sirve para que alguien más lo lea y deje de estar enfadado. Esto es muy importante, porque las guerras no empiezan de repente, empiezan siendo pequeñas y las gestamos cada día todos nosotros, alimentando nuestro malestar.

Si quieres apoyar a las víctimas de toda esta mierda, lo que necesitas no es un lacito, ni una banderita, ni ningún otro símbolo arbitrario. Lo que tienes que hacer es ser amable, perdonar, sonreír, mirar para dentro con paciencia y no enfadarte ni alimentar tu frustración.

Y si además tratas de contagiar a otros con tu actitud ya habrás hecho todo lo que está en tu mano contra todas las miserias del mundo.