sábado, 28 de marzo de 2015

Mantener al alcance de los niños


A veces pienso en mis hipotéticos futuros hijos y me pregunto si sería capaz de no hacer de ellos un desastre.

Nuestras propias taras crean taras en nuestros hijos, más o menos soportables, que marcan su vida para siempre. Esas taras pasan de generación en generación y pueden impedir ser felices o estar en paz consigo mismos a toda una horda de humanos prolongada indefinidamente en el tiempo. ¡Menuda responsabilidad!

Pero antes de que pase todo eso, antes de deformarte y convertirte en un gusano humano, eres un niño. Si tienes suerte, crecerás rodeado de columpios, botes de nata montada, caramelos, abrazos, cuentos, balones y lápices de colores.

Lo bastante feliz como para convertirte en un adulto capaz de reconocer sus inevitables taras y limarlas, aunque sea un poquito.