miércoles, 14 de agosto de 2013

El fin del mundo.




El otro día me tocó ir a una boda trasatlántica. Era aquello un muestrario de personajes fuera de lo común.. con magos y de todo. Pero de todos los trucos de magia que vi esa noche, el que más me impresionó no iba de cartas. Tampoco de monedas que salen de orejas, no.

Con ánimo de sonar cursi, pero no cursi rosa pastel, sino cursi azul eléctrico, verde prao, amarillo canario, rojo amapola y de todos los colores chillones del espectro electromagnético, diré que el mejor truco de magia, el más increíble de todos, era la complicidad sin límites entre Lu y Jotapé. La complicidad entre dos personas dispuestas a dejarlo todo y tirarse.. no a la piscina, ¡sino al jodido océano! con tal de estar cerca de su persona favorita.

Para una tipa como yo, por cuyas venas en lugar de sangre corre ácido cínico, encontrarse con un amor verdadero cara a cámara tiene un efecto violento e impredecible. Porque, querido lector, estos dos individuos son la prueba viviente, bailante y besante de que sí se puede, de que existe la felicidad para dos. La mayoría de nosotros nunca la llegaremos a conocer, y muchos otros cuando la encontremos nos acojonaremos y la despreciaremos, la disfrazaremos de otra cosa, la emponzoñaremos hasta que quede hecha un guiñapo, desteñida y rota por los puños. Nosotros, los cobardes.

Así que me disculpo con vosotros, pareja de valientes, porque no saben mis periféricos ni mis programas de ordenador reproducir los rayos de colores que salen de vosotros cuando estáis juntos. Porque me apabulláis con vuestra energía y me siento muy pequeñita cuando estoy yo sola en mi casa y os miro a través de mi pantalla.

Os diría que fuerais felices y comierais pitu de caleya con guacamole, ¡pero no os hace falta! Y como México y España siempre fue un buen combo, me despido con esta canción, porque no podía ser otra.

Pinches cabrones.. qué buena onda con ustedes!