domingo, 14 de abril de 2013

Hoy voy a hablar de mí..

A mí me gusta usar ropa vieja, de esa que ya tiene la forma de tus codos, notar el pelo desenredado cuando me paso los dedos, o dormir la mañana y luego desayunar tortilla de patata. No me gusta sacarme sangre, la mayonesa, ni el olor a perro mojado. Unas preferencias tan válidas como las de cualquiera, diría la Ángela más ingenua de las que hay en mí.

Pero no, al parecer no son válidas mis jodidas preferencias. Resulta que sólo hay un ingrediente para que los demás te guarden un mínimo de respeto: complacerlos. Somos esclavos de lo que se espera de nosotros. Mis aptitudes, mis deseos, mis emociones, mis logros.. no tienen valor si no se corresponden con las expectativas de los demás. ¡No hay tregua!

Y eso que soy experta en tolerar las mierdas ajenas. Se podría decir que soy un buen pañuelo en el que sonarse. La complicación viene para mí cuando soy yo la que tiene mocos. Entonces todo el mundo es más listo que yo, y más fuerte. Y me lo tiran a la cara desde su altar hecho de basura y narcisos podridos.

Me toca los cojones, porque luego me dicen que no me callo, que no tengo filtro, que digo todo lo que pienso.. JA! Si dijera la mitad de lo que pienso os iríais todos llorando después de oír lo que yo opino de vuestras gilipolleces. Me carcajearía en vuestra cara con mi risa más cruel.

No me vibraría el ojo entre almohada y almohada, ¡qué va!

Me vibraría la mandíbula.